“Con muy buen criterio Biblioteca Buridán acaba de publicar La vida bajo escrutinio”

Los lectores interesados en conocer las implicaciones teóricas y prácticas de la biología contemporánea, quizá la ciencia que mayor repercusión tiene hoy en nuestra vida, están sin duda de enhorabuena. Con muy buen criterio, Biblioteca Buridán acaba de publicar La vida bajo escrutinio, última aportación de Antonio Diéguez, uno de nuestros grandes expertos en la materia. Aunque por la amenidad de su estilo y la actualidad de los temas abordados podría pensarse que la obra que presentamos nace con espíritu divulgador, se trata en realidad de una introducción de alto nivel dirigida a cualquier persona cultivada, especialista o no, que se sienta atraída por el conocimiento de los problemas filosóficos generados por la biología en las últimas décadas.

El núcleo del ensayo es, lógicamente, la teoría de la evolución, que Diéguez expone con ejemplar claridad y encomiable rigor, mostrando los argumentos principales que hoy se manejan a favor de la misma frente a las críticas procedentes tanto de la propia ciencia como de otros ámbitos externos a ella: la religión o la filosofía. Los lectores interesados en conocer, por ejemplo, la historia de la controversia entre creacionistas y evolucionistas, muy exacerbada en Estados Unidos, encontrarán aquí una pormenorizada exposición escrita con la agilidad de un reportaje periodístico. Menos populares, pero tal vez más interesantes por lo que comportan de inmersión en los asuntos específicos de la biología, son otras cuestiones a las que dedica diversos capítulos: los efectos de los últimos avances en la redefinición de las clásicas categorías de vida, gen o especie, el debate sobre la posibilidad de reducir las teorías biológicas a explicaciones fisicoquímicas o el problema de la existencia de leyes en la biología.

El libro se cierra con un sugestivo capítulo consagrado al estudio del impacto que la teoría de la evolución está teniendo en las ciencias sociales y en la psicología. Su pregunta conductora podría enunciarse así: ¿proporciona la biología evolucionista un fundamento explicativo de la conducta personal y social de nuestra especie? Se trata, desde luego, de la cuestión más polémica de la obra y sin duda la que más atención despertará en la medida en que abre una vía de discusión multidisciplinar realmente interesante. Aunque algunas de las hipótesis que manejan los evolucionistas en este campo pueden producir cierto estupor (por ejemplo, la teoría de los memes, unidades básicas de la herencia cultural, propuesta por Richard Dawkins), la concienzuda exposición que hace Diéguez de las mismas confirma que el evolucionismo es una teoría viva a la que amenaza, como a toda teoría, la posibilidad de derivar en una suerte de escolasticismo que anteponga los presupuestos fundamentales de la doctrina a los hechos que pretende explicar.

El autor, dotado de la inusual virtud de la ecuanimidad, se limita de todas maneras a plantear los problemas y examinar las respuestas, optando en todo momento por comprender y aclarar antes que por juzgar y definir, una actitud que es quizá el mayor mérito del libro. Solo una vez su fino sentido de la ironía se permite ser levemente socarrón, un pasaje en el que, comentando los argumentos de algunos creacionistas a favor de la invariabilidad de las especies, escribe que la apelación al diluvio es una conjetura “que hace aguas por todas partes”.

Por José María Herrera

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